Escribo
Hace un tiempo me pregunté a mi misma por qué escribo. Encontré mil respuestas, algunas más poéticas que otras, mas largas, más complejas y otras, cortas y al pie. Después, me di cuenta que escribo mucho en mi cabeza, y que mucho de eso que escribo ahí mismo se pierde. Porque aparece fuerte, se redacta en prosa invisible y así de fuerte como aparece se pierde entre los restos que a veces recupero en poemas, a veces en sesiones de terapia, pero que siempre recupero en forma parcial.
Y es que me di cuenta que no importa tanto el por qué sino que importa más el cuándo. Escribo en los momentos donde tengo algo que decir, o tengo algo que decirme a mí. Y lo escribo en algún lado y a veces lo pierdo, me lo pierdo a veces sin querer y a veces queriendo. Ahora, siento que todo es tan poco definido y a la vez tan claro y que, la línea divisoria de eso es tan fina que tengo que justificar que eso me angustia.
Tengo que justificar que no puedo ponerle sentido a esta sensación de estar suspendida en el aire. Todo se corta, todo se interrumpe, todo tiene un freno y un alto y es todo tan rápido que yo y mi enemistad con los cambios bruscos no podemos seguir el ritmo. Escribo porque mi cuerpo siente que hace muy poco estábamos con todo por delante y ahora todo ya pasó y se viene el freno. Ya llegó el freno y el silencio y el vació me llenan de preguntas y me angustio porque como todo está suspendido no encuentro respuestas.
Por eso, el por qué se transforma en cuando. Escribo en general, pero hoy escribo porque no encuentro otra forma de atravesar que estoy suspendida.
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