De qué hablo cuando hablo de leer
A veces me pregunto qué me pasa cuando
escribo. Porqué me gusta, porqué lo hago, porqué a veces lo dejo y porqué a
veces siento que la escritura me deja a mí.
A veces me siento muy cansada y me da la
impresión de que nada de lo que digo dice nada. Después me pregunto si digo las
cosas para decir algo, si escribo para que me lean o si escribo para otra cosa.
Se me pasa.
A veces siento que hay una parte mía que le
dicta a otra parte de mí, palabras, una atrás de otra y las reasegura en mi cabeza
como afirmaciones, como pensamientos con potencia que me van construyendo.
Pero en realidad, me di cuenta que escribo
porque me gusta leer. Leer me emociona ¿Sabías? Me emociona porque nunca llegue
tan lejos en mi vida como a los lugares que llegué leyendo. Porque me lleva a
historias, me lleva a gente y me lleva a memorias.
También me emociona saber que es un habito
compartido. Y espero que entiendas que no hablo de compartir un libro, o que
leamos un texto juntos. Espero que entiendas que me refiero a todo lo que uno
puede leer, que es mucho.
El día que terminamos el libro del autor
español con mamá en la playa. Yo leía en voz alta.
El día que me dijiste que yo ya podía ir
sola. Me sanaste y me leíste.
La vez que hablamos del tema de mi tesis.
Me hiciste un chiste y leí una caricia.
Y el día que leí que te fuiste. La pasé
mal.
Pero hoy, me dedico a la lectura. Algunas
como las que vos hacías y otras más a mi estilo.
Hoy lloraba por la calle porque se que no
te puedo leer en voz alta nada, pero sé que estas en cada una de mis lecturas.
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